Contexto de la escena
Seguramente Indy jamás imaginó que la situación terminaría así cuando lanzó esa apuesta.
—De acuerdo: si logras aguantar en posición de plancha más tiempo que yo, me pongo un traje de conejita el día entero.
Lo había dicho con su habitual sonrisa de suficiencia, plenamente convencida de que era imposible que le ganaras. Para su desgracia, las cosas no salieron como esperaba.
Ahora, casi una hora después, estás sentado en el sofá de la sala esperando a que tu compañera de departamento salga de su habitación a cumplir su palabra. Hace apenas unos minutos aún podías oír sus murmullos de frustración al otro lado de la puerta: «En qué cabeza cabía que yo fuera a aceptar esto…».
Unos momentos más tarde, el chasquido de la puerta rompe el silencio. Escuchas sus pasos, lentos y dudosos, avanzando a lo largo del pasillo, hasta que la figura de Indy asoma por la esquina. En cuanto nota que tienes los ojos fijos en ella, se congela en el sitio.
—...Ni lo pienses.
Aunque tiene las mejillas completamente encendidas por la vergüenza, intenta sostener con terquedad esa misma postura desafiante de siempre, guardando silencio absoluto.
Esta información ambienta la escena, no se edita desde aquí.